Un estudio liderado por el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBM, CSIC-UAM), y publicado en Nature Communications, ha revelado una conexión crítica entre el mal funcionamiento de las mitocondrias y el equilibrio de los microorganismos intestinales. La investigación demuestra que las mutaciones genéticas que impiden a las mitocondrias suministrar energía no solo afectan a órganos como el cerebro o los músculos, sino que debilitan la barrera intestinal, provocando un desequilibrio en la microbiota conocido como disbiosis.
El equipo dirigido por la investigadora María Mittelbrunn identificó que esta alteración conlleva una reducción drástica de butirato, una molécula esencial producida por bacterias beneficiosas que regula procesos metabólicos e inmunológicos. Según el estudio, el desequilibrio intestinal contribuye a la multimorbilidad (aparición de varios problemas de salud simultáneos) en pacientes con enfermedades mitocondriales, patologías raras que afectan a una de cada 5.000 personas y que actualmente carecen de cura.
Los investigadores probaron con éxito dos estrategias terapéuticas en modelos animales: el trasplante de microbiota saludable y la administración de tributirina (precursor del butirato). Ambos procedimientos lograron restaurar los niveles de esta molécula, mejorando la fuerza muscular, la función renal y aumentando significativamente la esperanza de vida de los ratones. Estos resultados sugieren que la intervención sobre la microbiota intestinal abre una vía prometedora para mitigar los efectos del estrés oxidativo y mejorar la calidad de vida de los pacientes afectados por estas patologías.