Revista Farmabiotec Número 4
b-amiloide son extre- madamente caras y es poco realista pensar que se pueden aplicar al casi 1’2 millones de enfermos que tenemos en nuestro país, y menos de forma recurrente. Tampoco la extracción de líquido cefalorraquídeo parece una alternativa que pueda llegar a todos los enfermos sospechosos de estar sufriendo la enfermedad, tanto por su invasividad como por su labo- riosidad y heterogeneidad. Así que necesitamos solu- ciones más rápidas y de amplio espectro: un análisis de sangre (o de otros fluidos) que orientara a los profesio- nales de primera línea sería un cortafuegos inmediato, que podría conducir a la derivación de los pacientes con verdadero riesgo de estar sufriendo la enfermedad a los servicios de Neurología de los hospitales, donde se podría realizar un diagnóstico más exhaustivo, y un seguimiento posterior de los casos. Otro de los puntos a considerar en el desarrollo de herramientas diagnósticas en la enfermedad de Alzheimer es el tipo de biomarcador usado para la rea- lización de un diagnóstico de enfermedad. Resulta evi- dente el uso de marcadores relacionados con las huellas histopatológicas clásicas de la enfermedad (varian- tes de Ab y de tau, y sus ratios). No obstante, también resulta conveniente ampliar el conjunto de marcadores, especialmente aquellos basados en otros mecanismos de acción que permitan implementar o complementar la capacidad diagnóstica de los marcadores clásicos. Por ese motivo, allá por 2007 un equipo de investi- gación encabezado por Sandip Ray1 realizó un estudio pionero en el que, tras analizar 120 proteínas circulan- tes en 259 muestras de sujetos (controles y enfermos de alzhéimer en diferentes estadios), fueron capaces de identificar 18 marcadores que clasificaban a las mues- tras en las categorías de “alzhéimer” o “controles” con una precisión de cerca del 90%. A partir de aquel tra- bajo precursor, se desató una verdadera competición académica e industrial para la identificación y desarro- llo de nuevas herramientas de diagnóstico de alzhéimer en sangre, en la que todavía seguimos. En cualquier caso, hay que focalizar los esfuerzos no solo en identificar proteínas clasificatorias en la sangre, sino que también hay que implementar tec- nologías lo suficientemente simples como para ser realizadas en cualquier centro de salud. El uso de metodologías comple- jas de análisis (como la espectroscopía de masas o la metaboló- mica) pueden tener una razón de ser en el desa- rrollo, pero no deberían ser la solución final para ser implementadas en un entorno de Atención Primaria, en el que las tecno- logías de uso deberían funcionar como un verdadero «Point-of-Care testing». En el caso de que se tuvieran que utilizar técnicas más complejas, entonces sería necesario desplegar un abanico de laboratorios de referencia con alta capacidad de análisis a los que se derivaran las muestras para su diagnóstico. Y todo ello se precisa debido a que estamos frente a una necesidad urgente. Las principales organizaciones internacionales como Alzheimer’s Disease International (ADI), Alzheimer Europe, el Parlamento Europeo y el Consejo Europeo y la OMS, han puesto especial énfa- sis en la necesidad de abordar la detección precoz de la enfermedad de Alzheimer para facilitar una interven- ción temprana. La Estrategia Nacional de Enfermedades Neurodegenerativas ha planteado también la detección precoz como objetivo fundamental dentro de la primera línea estratégica que plantea. En este sentido, el diag- nóstico en las fases más incipientes puede aportar a la persona la posibilidad de tomar decisiones cuando todavía es capaz de hacerlo, al tiempo que favorece la planificación y previsión de los cuidados y sus costes, facilitando la organización de la familia y el núcleo cui- dador y posibilitando acciones de prevención secunda- ria y terciaria. Pero lo que es sin duda más importante es que una detección temprana de la enfermedad nos ofrece una oportunidad para la investigación de nuevos fármacos (mediante ensayos clínicos), que podrían ser también complementadas con intervenciones no farma- cológicas que demuestren su eficacia. En cualquier caso, el uso de la sangre para la bús- queda de biomarcadores discriminatorios parece ideal, ya que no requiere de técnicas altamente invasivas y resulta sencilla la realización de ensayos de biomar- cadores en grandes cohortes de pacientes y de forma repetitiva a lo largo del desarrollo de la enfermedad, lo que permitiría hacer una evaluación periódica de los sujetos, determinando el umbral específico del valor de riesgo antes de su derivación, seguimiento y eventual comienzo de los tratamientos ◉ 'El uso de la sangre para la búsqueda de biomarca- dores discriminatorios parece ideal' 67 FARMABIOTEC INVIERNO 2022 BIOMARCADORES
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