Revista Farmabiotec Número 11
#11 farmaBIOTEC 81 Formación No es suficiente apoyarnos en el prestigio de nuestros campos científicos; necesitamos inyectar una dosis de innovación a la estructura misma de nuestros colegios. Los tiempos han cambiado y con ellos las exigencias de un mer - cado laboral que premia la agilidad y la capacidad de adap- tación. Debemos preguntarnos cómo podemos evolucionar para ser más que guardianes de estándares técnicos, éticos y formales. ¿Cómo podemos transformar nuestra tradición en un trampolín que impulse a nuestros miembros hacia nuevas alturas profesionales? La innovación en este caso no significa adoptar las últi - mas tecnologías o tendencias, apoyadas muchas veces en palabras y palabros vacíos de contenido, dicho sea de paso. Va más allá: es repensar cómo fomentamos la conexión entre nuestros miembros, cómo promovemos el intercam- bio de conocimientos y cómo facilitamos redes de contacto, networking, que dicen los modernos, que sean realmente efectivas para abrir puertas en el mercado laboral. Los cole- gios debemos convertirnos en plataformas vivas de interac- ción, aprendizaje continuo y soporte mutuo, reflejando y sir - viendo a las necesidades actuales y futuras de la profesión. Aprender de quien ya ha recorrido el camino La brecha entre la formación académica y las exigencias del mercado laboral biotech no se cierra únicamente con más cursos o títulos adicionales; se cierra con relaciones humanas que transmiten conocimientos que no están en los libros, si alguien los consulta aún. Como mentores, los profesionales experimentados podemos ofrecer una brújula a aquellos que recién comienzan, guiándoles a través de los desafíos y oportunidades del mundo real que esperan fuera de las aulas universitarias. Desde el COQIQ observamos que cuando un recién gra- duado se apoya en un mentor, no solo se beneficia de una red de contactos más amplia, sino que, más importante aún, adquiere conocimientos prácticos y consejos adaptados a su contexto personal, que es único. En mi opinión, esta transmisión de sabiduría, o al menos de experiencia, que no es poco, debería estar entre las prioridades de todos los colegios profesionales. El conocimiento académico propor- ciona algunos cimientos, pero para sobrevivir es necesario construir sobre ellos una carrera resiliente y adaptada a las realidades fluctuantes del sector, o, dicho en castellano cer - vantino, “la vida real es otra cosa”. Más que un tablón de anuncios No es secreto que uno de los roles más reconocidos de los colegios profesionales ha sido actuar como tablones de anuncios para oportunidades laborales. Pero limitarnos a esto es perder de vista nuestro potencial real. El valor real de un colegio profesional radica en su capacidad para empoderar a sus miembros en todas las facetas de su desa- rrollo profesional. No basta con notificar a nuestros colegia - dos de las vacantes disponibles; debemos equiparlos con las herramientas para que sean candidatos destacados y para que, una vez en sus puestos, puedan continuar cre- ciendo y aportando valor en sus organizaciones. Los colegios debemos ser centros de recursos vivos donde los profesionales puedan acceder a formación con- tinua, asesoramiento y apoyo en momentos clave de su carrera. Ya lo somos, al menos sobre el papel. Y aún pode- mos crecer en cuanto a proporcionar orientación en la gestión de carreras y fomentar una cultura de aprendizaje y mentoría continua. Y aprovechando que ha aparecido el término “mentoring”, oh, sorpresa, creo que, con el sinfín de programas de mentoring y coaching laboral que existen, especialmente en este sector, y contra los cuales no tengo nada en contra, vaya por delante, el respaldo de un colegio profesional proporciona una garantía de calidad que no debe subestimarse, además del potencial que tenemos para aho- rrar esfuerzos económicos, desorbitados e innecesarios en algunos casos, a nuestros colegiados. Construyendo el futuro Las reflexiones aquí compartidas apuntan hacia una conclusión ineludible: los colegios profesionales tenemos ante nuestras narices una oportunidad de oro para redefinir nuestro valor en el sector farma/biotech. No basta con ser el nexo entre el pasado académico y el presente laboral de nuestros colegiados; debemos ser los arquitectos de puen- tes hacia su futuro. Abundando en esta retórica un tanto grandilocuente, nues- tras acciones deben hablar de nuestro compromiso con la evolución y el crecimiento continuo. Nuestra relevancia se medirá por nuestra voluntad de invertir en las generaciones actuales y futuras, y por nuestra habilidad para mantenernos como entidades esenciales en un sector abrumadoramente competitivo y en constante evolución.
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