Revista Farmabiotec Número 7
48 farmaBIOTEC #7 #7 farmaBIOTEC 49 Mariano Barbacid Premio Nacional de Investigación Santiago Ramón y Cajal y jefe del Grupo de Oncología Experimental del CNIO. Mariano Barbacid, quien recientemente ha sido galardonado con el Premio Nacional de Investigación Santiago Ramón y Cajal, nos habla en esta entrevista de sus comienzos y su trabajo como jefe del Grupo de Oncología Experimental del CNIO. “Confiemos que en los próximos 25 años se pueda avanzar tanto como hemos avanzado en los últimos 25 y se pueda rebasar ese umbral del 70% de supervivencia global, tomando en cuenta todos los cánceres”. ¿Cómo empezó su carrera científica y qué le motivó a convertirse en investigador? Mi interés por la bioquímica en general comenzó en mi época de bachillerato, en parte porque se me daba bastante bien la química y en parte porque mi profesora me regalo un pequeño libro, que aún conservo, donde describía de forma muy didáctica los conocimientos que por entonces se tenían sobre como funcionaban las principales “maquinas” de la vida, la síntesis del DNA, del RNA y de las proteínas. El interesarme por la investigación fue simplemente dar cabida a este interés por las ciencias de la vida ¿Cuál es su opinión sobre el estado actual de la investigación científica en España y en Europa? La investigación en España, al menos la investigación biomédica que es la única que conozco, sigue sin recibir la atención que merece. Nuestros políticos, de un lado al otro del espectro ideológico, siguen sin entender la importan- cia que para un país tiene una investigación científica de primer orden, no solo ya por el aspecto del conocimiento, que ya sería suficiente justificación, sino por ser un motor de riqueza. Solo con mirar las cifras que mueve la indus- tria biotecnológica en países como Estados Unidos, Reino Unido o Suiza, seria más que sufriente para ilustrar la igno- rancia o dejadez, o ambas cosas, que en este tema nos ofrece nuestra clase política. De Europa obviamente no tengo datos, pero sí que me consta que, si comparamos lo que invierten la Unión Europea y los Estados Unidos, zonas comparables en población y riqueza, tampoco saldríamos muy bien para- dos. De hecho, la industria biotecnología se ha ido decan- tando hacia el otro lado del Atlántico en las últimas déca- das. Según una estadística que llego a mis manos, en los años 70, dos tercios de todos los fármacos se generaban en Europa. Ahora es tan solo es un tercio. El resto se gene- ran en Estados Unidos. MUNDO Biotec Terapia génica ¿Cómo piensa que la tecnología y la inteligencia artificial pueden ayudar a la investigación médica y en particular al campo del cáncer? Las ciencias biomédicas se basan, como todo avance humano, en ideas, pero en nuestro campo, las ideas no sir- ven de mucho si no se plasman en resultados experimen- tales ya sean para aumentar nuestro conocimiento, ya sea para poder aplicarlas a mejorar nuestro bienestar y el tra- tamiento de nuestras dolencias. Toda tecnología, por sim- ple que nos parezca, desde una simple PCR (tan de moda tras la pandemia) a la propia Inteligencia Artificial en sus muchas vertientes, serán esenciales para mejorar tanto nuestro conocimiento como sus resultados prácticos. No solo en el cáncer sino es todas nuestras enfermedades. Usted consiguió aislar por primera vez en la historia un oncogén humano ¿Cómo llegó a tal conclusión? Cuando llegué al campo de la oncología para hacer mi formación postdoctoral en 1974, los conocimientos mole- culares en el mundo del cáncer se limitaban a los que nos ofrecían los virus oncogénicos, tanto los virus RNA como DNA. En aquel momento, hace tan solo 50 años, y por extraño que nos parezca ahora, no se conocía abso- lutamente nada sobre las bases moleculares del cáncer humano. De hecho, estas investigaciones con virus tumo- rales era ampliamente denostadas por los oncólogos clínicos que creían que eran tan solo un “entretenimiento” de los investigadores básicos. Pero justo al año siguiente investigadores en San Francisco descubrieron que los oncogenes víricos eran en realidad versiones mutadas de genes presentes en todas nuestras células. Un descubri- miento que les valió poco años después el Premio Nobel. De ahí, a demostrar que estos genes también podían mutar en nuestras propias células y causarnos cáncer sin nece- sidad de que participasen agentes víricos fue solo cuestión de tiempo. Otra muestra más de cómo la ciencia, tarde o temprano, da resultados que benefician a toda la sociedad. ¿Qué papel cree que desempeñan los oncogenes y los genes supresores de tumores en el desarrollo y progresión del cáncer? No es cuestión de lo que yo crea. En ciencia hay hechos demostrables, no creencias. Tanto los oncogenes como los genes supresores son la base de todos los cánceres. Hoy en día esta afirmación ya no es cuestionable. Está basada en miles de trabajos científicos. ¿Cómo se están aplicando las técnicas de secuenciación masiva y la bioinformática en la investigación en oncología molecular? Hoy en día podemos afirmar que conocemos todas las mutaciones implicadas en cáncer, en todos los can- ceres humanos. Se han secuenciado miles de genomas Terapia génica
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